En la mata atlántica, la embaúba extiende sus hojas anchas y la luz se filtra entre ellas, dibujando formas en el suelo. Y en ese instante, no sabés si estás soñando o despierto. EMBA trae ese bosque a tu casa: su hoja se proyecta en la pared como una sombra viva. Te sentás a mirarla y el ruido de la ciudad se vuelve lejano.