El Baobab tarda siglos en retorcer su tronco, que gira sobre sí mismo como si el tiempo hubiera hecho una espiral. Y en ese instante, no sabés si estás soñando o despierto. BAOBA hace lo mismo con la luz: proyecta una espiral sobre la pared, y cada vez que la mirás aparece una curva nueva. El día deja de correr por un rato.